18/09/2026
La banda británica liderada por Jay Kay volvió a encontrarse con el público argentino en el Hipódromo de San Isidro con un show que recorrió más de tres décadas de música. Clásicos que marcaron generaciones, himnos hechos para bailar y música nueva: una noche que reunió pasado y presente de una banda que llevó el funk y el acid jazz a la cima del pop mundial.
Este
jueves, Jamiroquai volvió a pisar un escenario argentino con un show en el
Hipódromo de San Isidro producido por DF Entertainment. En plena gira
latinoamericana y con su primer álbum en casi una década en camino, la banda
recorrió más de treinta años de canciones y dejó en claro que su regreso no
mira solamente hacia atrás: hay un nuevo capítulo en marcha para una historia
que marcó a varias generaciones y todavía tiene mucho por delante.
Esa
historia también podía leerse frente al escenario. Entre quienes esperaban
desde 2017 volver a verlos en vivo y quienes tenían por primera vez la
oportunidad de hacerlo, distintas generaciones se reunieron para recibir a Jay
Kay y volver a experimentar ese cruce cálido e irresistible de funk, disco,
soul y acid jazz que convirtió a Jamiroquai en una de las bandas británicas más
singulares de las últimas décadas.
Los
primeros compases de "(Don't) Give Hate a Chance" alcanzaron para cambiar el
clima del Hipódromo. El bajo tomó el control, Jay Kay puso el cuerpo y esa
energía luminosa y festiva que atraviesa la música de Jamiroquai hizo el resto.
En cuestión de minutos, el predio entero se había convertido en una enorme
pista de baile a cielo abierto.
A
partir de ahí, "Little L" mantuvo el pulso bien arriba y "Seven Days in Sunny
June" abrió paso a "Space Cowboy", uno de esos clásicos en los que alcanza una
línea de bajo para reconocer inmediatamente el sello Jamiroquai. Con Jay Kay
recorriendo el escenario y una banda ajustadísima detrás, el repertorio avanzó
sin nostalgia ni solemnidad: canciones separadas por décadas sonaron como
partes de una misma conversación.
Ahí está, quizás, una de las claves de la vigencia de Jamiroquai. El funk futurista de sus comienzos, la sofisticación disco de sus grandes hits y el sonido más expansivo que los llevó a conquistar el pop mundial siguen conviviendo con absoluta naturalidad. "Alright" y "High Times" continuaron ese recorrido antes de que el presente se hiciera lugar entre los clásicos.

"Disco
Stays the Same" fue la encargada de traer el presente de la banda al escenario.
La canción, adelanto de su esperado noveno álbum de estudio, encontró su lugar
entre los clásicos sin romper el pulso de una noche construida alrededor del
movimiento.
Y
si el comienzo había dejado claro que la noche estaría gobernada por el groove,
la segunda mitad convirtió esa promesa directamente en una sucesión de
clásicos. "Travelling Without Moving" abrió paso a "Canned Heat" y "Cosmic
Girl", antes de que "Love Foolosophy" terminara de llevar al Hipódromo hacia
ese territorio en el que un concierto de Jamiroquai se parece cada vez más a
una fiesta.
El
cierre tenía una protagonista inevitable. "Virtual Insanity" cumple 30 años en
2026 y, sin embargo, pocas canciones podían sonar más pertinentes para despedir
la noche. Aquella mirada inquieta sobre un futuro atravesado por la tecnología
conserva su potencia, pero también aquello que convirtió a Jamiroquai en un
fenómeno global: la capacidad de hacer bailar incluso mientras invita a mirar
con otros ojos el mundo que nos rodea.
Esa
tensión entre celebración y reflexión atraviesa la música de Jamiroquai desde
sus comienzos y sigue viva en su presente. Treinta años después de "Virtual
Insanity", con música nueva en el repertorio y una banda que todavía encuentra
en el escenario su hábitat natural, Jay Kay sigue mirando hacia adelante.
El
futuro ya llegó. El funk, por suerte, sigue intacto.
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