23/11/2021
No es extraño el director Edgar Wright al género del terror desde su debut en el cine, pero lo cierto es que sus escarceos con el mismo siempre habían sido desde una barrera de humor o metarreferencia que por primera vez se reduce al mínimo en Última noche en el Soho, una película de horror arquetípica que no utiliza la parodia, ni se escuda en el postmodernismo para afrontar el género, siendo tan directa y clásica en su aproximación que puede despistar.
Tras el homenaje a la trilogía zombie de George A. Romero de Shaun of the Dead (2004) y el maravilloso fake tráiler Dont, de Grindhouse (2007), Edgar Wright incluyó cultos y folk horror en Arma fatal (Hot Fuzz, 2007) y apocalipsis robóticos en el cierre de su trilogía del cornetto, pero nunca había afrontado el cine de terror sin excusas, haciendo en su nueva película un ejercicio de reinvención importante, que nunca deja de ser él, pero que sí se mete en terrenos oscuros pese a que su interés sigue teniendo algo de mitomanía marca de la casa.
Última noche en el Soho es uno de esos momentos en los que grandes directores deciden hacer su película de terror y vuelcan todo su libro de recursos para verter en cada pequeña escena un panaché de referentes y detalles que les gustan, subiendo al máximo la apuesta estética sin dejar en el tintero una sola de sus obsesiones. Piensa en Drácula (1992) de Francis Ford Coppola, Agárrame esos fantasmas (The Frighteners, 1995) de Peter Jackson, Silencio desde el mal (Dead Silence, 2007) de James Wan o La cumbre escarlata (Crimson Peak, 2015) de Guillermo del Toro, por ejemplo.
¡Mira el tráiler acá!
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